Suuns – «Hold/Still»

(Secretly Canadian, 2016)

393

Hoy os presentamos el último trabajo de Suuns. El cuarteto de Montreal acaba de publicar Hold/Still, su tercer álbum de estudio. Aunque su senda ya denotaba parámetros característicos, con este disco han dado un golpe encima de la mesa. Se han arriesgado y han salido triunfadores con un proyecto que podía encasillarles de manera peligrosa. Las influencias están ahí, como en todas las bandas, pero las hacen suyas para proponer un discurso propio.

Estamos pues en una carretera en el ocaso del día. Es lo que incita la escucha de Hold/Still. Noche. Asfalto. Espectros. Electricidad y electrónica fluyen de la mano. ‘Fall’, el tema que abre el álbum, es un bucle ambiguo en el que acoples y sintetizadores aúllan mientras Ben Shemie recita con tono monocromático «down, down» en torno un monocromátco. Los ritmos y las frases reiterativas se repiten como un sueño en espiral. Hipnótica, ésta es la palabra que mejor podría definir el comienzo del disco. ‘Instrument‘ sella el documento sonoro ante el que estamos. Sí, sabemos que va a ser un disco de esos que parecen un camino sólo de ida, oscuro y sin apenas luz.

Shemie vuelve a entrar en trance con una palabra, una idea. ‘UN-UNO’ inunda tu cabeza con una idea: acelera. La noche se funde con la carretera en una dosis de electro-psicodelia, por llamarlo de alguna manera. Es como si Thom Yorke protagonizase un capítulo de Stranger Things. «Resistance» percute letra por letra mientras la percusión toma protagonismo. ‘Mortise and Tenon’ me hace desconectar. En el mal sentido. ¿Mala canción? No soy quién para decirlo, pero no encaja, no cuaja. Pero es un accidente, un bache en la recta y oscura autopista.‘Translate’ aúna lo mejor de la banda: audacia y electricidad por todos los poros. El conjunto sigue experimentando con el industrial y el rock con Brainwash’, un derrame cerebral que oscila entre el folk y Nine Inch Nails.

El último tercio del disco es tedioso. Suele ocurrir con estas apuestas tan arriesgadas, y, a la par, originales, y los Suuns no se libran. ‘Careful’, la pieza más larga del plástico, es un socavón disimulado por ‘Paralyzer’, otro ejemplo conciso de la propuesta de los canadienses. El final se hace cuesta arriba, como las películas de dos horas que podrían durar hora y media. En este caso son cuarenta y seis minutos a los que el recorte de diez les hubiese venido de perlas. Camino y viaje largo. Ojalá hubiese durado menos pero, aún así, lo he disfrutado. (Nota:7)