Bar Tocateja

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Lo primero que me hizo entrar fue la luz. 

Son las 9:00 pm. Noche templada; de esas en las que el tiempo baila al son de las ganas de vivir de las almas perdidas -como la mía- que buscamos alocadamente consuelo en una barra de bar.

Insisto en la luz del bar en cuestión; ni muy alta ni muy baja; menos, es más. Sugerir te da puntos.

Suelos diversos. Parecen sacados de un tablero de ajedrez en sintonía con una cocina hogareña; cuidado, la geometría engaña. El alfil, la reina y el peón conviven cual casa okupa en perfecta sintonía con las servilletas, restos de comida y demás maridaje habido y por haber en aquella noche calmada de Mayo. 

Respirar autenticidad. 

Ahora me queda claro eso de que los bares son altares muy poco católicos.

Los techos altos. El bar ni muy grande ni muy pequeño; una especie de cuadrado perfectamente armonizado para jugar al cíclope, que decía Cortázar, y amar la vida por lo que vale un vino.

Suena Vicente Amigo. Lo imagino porque hice mis pinitos con la guitarra clásica con horribles resultados, y Vicente es un must para aprender e imaginar.

Sonido añejo. Cerveza bien tirada; con un color anaranjado que parece un atardecer en el Palmar pero jodidamente bebible. Manera de servir la cerveza que asocio con la manera de vivir de esta extraña gente del sur, que respira planes que hacer en la calle que los vio nacer. Bonito y envidiable el embriagarse de semejante actitud.

Beberse la vida. Aquí. Qué cosas.

Dejándome de devaneos existenciales y estando en dicho lugar, me atiende la camarera con la sonrisa más bonita de toda Granada; Isa. 

Le pido un vermú.

-¿Con soda? -dice ella.

– Sin soda.  Sin preliminares. -expreso.

Ahora todo tiene más sentido. Vicente Amigo – o similar, sigue sonando y parece que esa guitarra de palo baila acordes por todo el espacio-tiempo de este bar Tocateja que acabo de conocer. Los techos me sugieren historias de hace mil años. Ciertas o inciertas, yo sigo a lo mío disfrutando de un vermú como las cosas sencillas de esta vida; lentas y arrítmicas. Sin pretensiones.

La tapa una hamburguesa con solera; de mira, te comento, así lo hacemos aquí.

Vibrante, tímido pero a la vez con el salero andaluz de ver la vida desde una barra, mediante un chiste, desde un prisma más calmado, casi horizontal; como una siesta con sol templado. 

Este bar me hace sentirme en una casa llena de personas locas, que como luceros bailan al son de un grifo de cerveza, de un tinto echado en una copa con solera. 

De una historia que acaba de empezar y que muero por contarle a mis amigos y amigas.

De un desamor ahora menos importante; Tocateja te mira a través de cuadros en sus muros de lo más variopintos y llenos de una historia habida y por haber. Busca detalles y encontrarás verdades – que decía un amigo.

Un mundo por contemplar con una cerveza/vino/ bebida espirituosa; los refrescos -en mi opinión- son el refugio de gente que no son del todo de fiar.